¿Que es el TDAH?

El trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH), es un trastorno crónico de origen neurobiológico que se inicia en la infancia y se caracteriza por dificultades para mantener la atención, hiperactividad o exceso de movimiento e impulsividad o dificultades en el control de los impulsos.

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domingo, 16 de febrero de 2014

La necesidad de hábitos y rutinas en niños hiperactivos


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La finalidad de una rutina o estructura es garantizar un buen equilibrio entre actividad y descanso, entre estimulación física y mental, y entre actividades que permiten al niño desarrollarse como individuo y las que le enseñan aptitudes sociales y de convivencia con sus semejantes.
Cuando hablamos de hábitos y rutinas hablamos de automatización de conductas; los niños conTDAH tienen muchísima dificultad para automatizar conductas y esto tiene que ver con el retraso en el desarrollo del lenguaje interno.

El lenguaje interno es la guía interna que regula la conducta humana y que nos permite, entre otras cosas, poder realizar tareas complejas que requieren varios pasos. La automatización de conductas nos permite realizar dichas tareas con un alto grado de eficacia y un mínimo "desgaste". Cuando llevamos un tiempo realizando un mismo hábito o actividad cotidiana, llegamos a automatizarla por la repetición ordenada de esa cadena de conductas y ya no ocupa espacio en nuestra mente, de tal manera que mientras realizamos una actividad somos capaces de realizar otra de manera simultánea. Pero, ¿qué ocurriría si nos fallara la guía interna y cada vez que debiéramos hacer una actividad no nos acordáramos de lo que tenemos que hacer o el orden en el que hay que hacerlo?. En el caso de los niños hiperactivos el déficit en el funcionamiento ejecutivo del cerebro hace que las situaciones cotidianas que se les plantean todas las mañanas antes de ir al colegio o el participar de las tareas de la casa en familia, se conviertan en una situación altamente compleja. Es por ello que para facilitar rutinas, hábitos, organización, planificación, memoria y gestión del tiempo es importante "externalizar información", por medio de: carteles, tablón de anuncios, reloj, calendario, agenda, alarma, notas, etc.
El hábito en casa
La forma en que estructuramos el tiempo y el espacio es mucho más importante de lo que creemos. El hogar es el entorno más inmediato del niño y a través de las actividades que realiza en él, de los objetos que maneja y de las personas con las que convive el niño estructura su mente, empieza a tener nociones sobre el tiempo y sobre las cosas, ayudándole a tener un entorno estructurado y predecible.
El horario es imprescindible a la hora de educar. Cuando las actividades se repiten día tras día, el niño entiende que hay una secuencia lógica y aprende a anticipar qué actividad viene después y a prepararse para llevarla a cabo. Lo normal es que un niño que sabe lo que viene después no tenga demasiados problemas en cambiar de actividad. Sabe que después de cenar se irá a la cama y lo vive con naturalidad porque así ha sido desde que ha nacido. Por eso, cuando no existe un horario fijo y cada día se actúa de una manera diferente, los niños no poseen ese referente que les permite anticipar lo que viene después. En esos casos es normal que surja el conflicto, pues los niños dependen de la voluntad cambiante del adulto y no de una estructura clara a la que habituarse. No haber tenido un horario hasta el momento puede deberse a múltiples causas, pero eso no significa que no estemos a tiempo de intentarlo en la actualidad. Los niños, sobre todo si son pequeños, se adaptan fácilmente a los cambios, sobre todo si contribuyen a que se sientan mejor. Algo parecido sucede con el orden. Al niño, por ejemplo, le resulta mucho más fácil irse a dormir si lo hace siempre en el mismo sitio y con unas condiciones ambientales similares. Tener su cama, su mesa de estudio, etc., le ayudan a sentirse seguro. Si las rutinas son algo habitual en su vida, surgen menos dificultades. Pero si todo está tirado, si nunca encuentras nada, si pierdes cantidad de tiempo buscando las cosas..., te sentirás fatal y el niño se encontrará totalmente desconcertado. Con estos referentes es como si estuviéramos amueblando su mente, poniendo las estructuras básicas a partir de las cuales se puede sentir seguro e ir afrontando nuevas situaciones con confianza.
La importancia de las rutinas
Un buen comienzo para conseguir que nuestro hijo asuma responsabilidades y no proteste por todo es organizar el tiempo, es decir, hacer un horario que recoja cómo está organizada nuestra vida familiar. Este horario no puede ser común para todas las familias pues las circunstancias son muy diferentes como también lo son las preferencias. A lo largo del día deben quedar recogidos los tiempos para comer, para dormir, para estudiar y para asearse como hábitos básicos en el desarrollo del niño. Pero también son importantes otros tiempos dedicados al juego, a las relaciones con los demás, al deporte, etcétera. El tiempo se aprovecha más y mejor cuando uno está organizado. En ese horario también puede quedar recogido, siempre que sea posible, un reparto de responsabilidades. Mientras uno de los padres prepara la cena, el otro puede bañar al niño. Cuando tenemos varios hijos, podemos alternarnos con nuestra pareja para que cada uno se ocupe de un niño en los momentos de aseo o de ir a la cama. En estos casos es importante que se respeten las mismas rutinas y consignas. Si tu pareja permite que vuestro hijo mayor se enjabone la cabeza él solo, hazlo tú también de esta manera. El niño sabe que está con vosotros, pero que las cosas se hacen independientemente de si está con su padre o con su madre, y eso favorecerá enormemente la autonomía y la consolidación de cualquier norma.
Esta organización, costosa cuando nunca la hemos puesto en práctica, nos permite sentir que controlamos el tiempo, aunque estemos continuamente ocupados. Lo más probable es que ellos protesten menos con una buena organización y eso relaja a cualquiera. Algunas consideraciones sobre los horarios:
  • Cuida especialmente los momentos de alimentación y descanso. Cuando un niño ha comido y dormido bien, está mucho más tranquilo y feliz.
  • El horario debe cubrir principalmente las necesidades de los niños y no supeditarse a las del adulto. Si tu hijo necesita dormir diez horas, debes asegurarte de que se acuesta a la hora que le permite descansar ese tiempo.
  • El horario debe respetarse. Es cierto que debemos ser flexibles con el tiempo y no agobiarnos cuando se modifica, pero no podemos dejar que el horario dependa, por ejemplo, de nuestro estado de ánimo. Si solemos acompañar a los niños a la cama en torno a las nueve y hoy estamos muy cansados porque hemos tenido un día duro, no podemos cogerles sin más y meterles en la cama una hora antes; ni permitirles que se queden hasta las diez porque hoy nos apetece jugar con ellos. Si les «enseñas» que el horario se puede cambiar porque sí, entonces ellos también «exigirán» esos cambios cuando les apetezca.
  • Es importante que el horario esté consensuado y sea respetado por todos. Los niños deben aprender que determinadas cosas se hacen independientemente del adulto que esté con ellos.
  • Anticipa a los niños el cambio de actividad. El horario es una ayuda siempre que no funcione a toque de corneta. Es necesario que el niño conozca con un mínimo de antelación lo que va a suceder después. Ten en cuenta que tu hijo pequeño no entiende ni de horas ni de relojes y que eres tú quien va poniendo ese conocimiento con las rutinas.
  • Intenta que el horario incluya un tiempo para ti y para tu pareja. Seguramente te parece imposible; a veces no se cuenta con suficiente ayuda y las demandas de los niños son muchas. Pero si hay un tiempo organizado en el que tu pareja juega con tu hijo, a lo mejor puedes ponerte a leer un rato o hacer algo que te apetezca. Y si podéis tener un rato después de acostar a los niños para charlar y estar juntos, pues mucho mejor.

 BIBLIOGRAFÍA
Martínez Martín, Mº.A. y col. Todo sobre el TDAH. Guía para la vida diaria. Editorial Altaria (2013).
Giménez,M. Los niños vienen sin manual de instrucciones. Editorial Aguilar (2006)

Dificultad de la expresión de las emociones en afectados por TDAH.


Según numerosos autores como Rusell Barkley ó Villar Orjales, entre otros, ya han destacado la dificultad que los niños con TDAH pueden experimentar en el área social, especialmente en las relaciones con sus amigos o compañeros. Ellos tienen limitado conocimiento de sí mismos y de sus efectos sobre otros.
La mayoría de los afectados por TDAH tienen graves problemas para establecer relación con otros niños/as. La sobre actividad y la impulsividad que los caracterizan causan a menudo rechazo en sus iguales, especialmente cuando intentan trabajar o jugar juntos.
Esta incapacidad en el área social de los niños con TDAH viene dada, entre otras, por sus dificultades para identificar sus propias emociones y las emociones de los demás. Presentan más dificultades que otros niños en atender a las señales sociales y anticipar los resultados y las consecuencias que éstos tendrán en uno mismo y los demás, lo que les provoca problemas de rechazo social, aislamiento forzado, y en ocasiones soledad crónica.
Estás dificultades emocionales se correlacionan con déficits en su Inteligencia Emocional, es decir, en su manejo y regulación de la emoción y los afectos.
Teniendo en cuenta que la empatía es el corazón de la Inteligencia Emocional, y precisamente es esta la capacidad que más necesitan entrenar los afectados por TDAH, es importante que se realice con ellos Programas específicos para que puedan recibir instrucción explícita y entrenamiento específico sobre estas áreas socio-emocionales. Las actividades y los objetivos deben ir concretamente dirigidos a ejecutar y depurar al menos las siguientes habilidades:
> La auto-observación de las propias emociones, y la observación de las de otros.
> La capacidad de regular las emociones (capacidad para etiquetar las emociones, entender las relaciones existentes entre ellas y las situaciones en que aparecen, la comprensión de emociones complejas y sus funciones).
> Expresarlas oportunamente (capacidad de expresar correctamente nuestros sentimientos).
> No ocultar las dificultades emocionales, poder compartir las emociones socialmente.
> Poseer un estilo de afrontamiento adaptativo (las emociones nos permiten atender a la información relevante, facilitan la toma de decisiones, así como el cambio de perspectiva.
> Mantener alta la esperanza y perseverar en las metas (habilidad para estar abierto a los estados emocionales positivos y negativos; destreza para conducirlos adecuadamente)".
(Domínguez, Olvera y Cruz, 2002)
Investigaciones recientes avalan la importancia de trabajar desde la más temprana edad este tipo de programas, tanto en la población infantil en general como en aquellos niños que muestran mayores carencias en estas áreas, teniendo como objetivo reducir riesgos psicosociales tales como la salud mental disminuida, el abandono escolar, la desadaptación, el bajo rendimiento, las dificultades escolares de diversos tipos, el abandono escolar, la aparición de conductas violentas, etc.
Por todo lo expuesto, uno de los primeros pasos para enseñar a controlar la conducta, es saber reconocer las propias emociones, puesto que son éstas las que impulsan la misma. Una vez que aprendamos a reconocer nuestra emoción, podremos profundizar en qué consiste ésta, qué función tiene, qué efectos nos produce y qué herramientas puedo utilizar para controlarla. Todo este proceso nos ayuda a autoconocernos en profundidad y a desarrollar estrategias de autocontrol intrínsecas que palien la desregulación emocional que en ocasiones padecen los afectados en el TDAH.
Es decir, el reconocer nuestras propias emociones y saber manejarlas, nos permitirá desarrollar nuestra capacidad de autocontrol emocional y por ende, conductual, promoviendo así, cada vez más conductas prosociales.
Cuando ya hemos aprendido a reconocer nuestras emociones, reconocemos las mismas en los demás, lo que nos ayudará a tener éxito en la interacción social y en la resolución proactiva de conflictos interpersonales. Todo ello, nos reportará un nivel de funcionalidad alto en el desarrollo personal, intelectual, social y emocional, que a su vez repercutirá muy positivamente en el resto de áreas:
> Aumentará la autoestima,
> Aumentará las probabilidades de éxito académico.
> Mejorará el clima familiar y escolar.
> Repercutirá positivamente en la salud mental.
> Aparecerán con mayor frecuencia las interacciones sociales con éxito.
> Etc.
En definitiva, enseñar a identificar nuestras propias emociones y las de los demás, y saber expresar y gestionar adecuadamente la comunicación de estados afectivos, reportará altas dosis de control emocional, conductual y social, aumentando la autoestima, y la sensación de equilibrio en el afectado por TDAH.
"( )el mejor indicador en la niñez de la adaptación de la vida adulta, no son las notas escolares, ni el comportamiento en clase, sino la capacidad con la que este niño se relacione con otros niños. Los niños que son identificados como agresivos o destructores, que son incapaces de sostener una relación estrecha con otros niños y de ubicarse en la cultura a la que pertenecen sus demás compañeros, éstos corren riesgos" (Hartup, 1992).

Patricia Fernández Briz
Psicopedagoga de Fundación CADAH

BIBLIOGRAFÍA:
Amatruda, M. (2006). Conflict Resolution and Social Skill Development With Children. Journal of Group Psychotherapy, Psychodrama and Sociometry; 58, 4, p. 168.
Barkley, Russel. (2011) - Niños hiperactivos: cómo comprender y atender sus necesidades especiales. Ed. Paidós Ibérica. ISBN 978-8-44932-535-9.
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Olvera, Y., Domínguez, B. & Cruz, A. (2002). Inteligencia emocional. Manual para profesionales en el ámbito industrial. México: Plaza y Valdez S.A
Orjales Villar, I. (1995). "Déficit de Atención con Hiperactividad. Manual para padres y educadores". CEPE.
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